Las preguntas que cualquier padre teme responder

Papá hablando con hijo.

Hoy es el Día del Padre y es un buen momento para reflexionar de la relación que llevamos con nuestros hijos, explica la periodista María Corisco en esta nota que adaptamos y presentamos a nuestros lectores para pensar sobre ese vínculo tan importante entre padres e hijos.

Es que ellos nos ponen entre las cuerdas con preguntas incómodas que pueden abordar, relacionadas con temas embromados como la delincuencia, las drogas, el sexo, la muerte y los líos de familia.

Hace muchos años en una reunión familiar el hijo de un conocido que tenía unos seis años dijo en plena cena: ‘yo se algo que dice papá de ustedes que no se puede decir’, el silencio fue terrible.

Habitualmente los padres no sabemos qué contestar y optamos por sacarle el cuerpo a las preguntas incómodas.

Todo el que haya sido padre sabe de ese extraño don que tienen los hijos para formular preguntas incómodas. Ingenuas o envenenadas, indiscretas o impertinentes, son cuestiones para las que nunca tenemos una buena respuesta a mano y que nos llevan a intentar escurrir el bulto.

Algunas simplemente cuestionan nuestros conocimientos, otras nos sacan los colores y las más delicadas nos obligan a enfrentarnos a nuestras propias contradicciones, debilidades… y a nuestro pasado, que ahí está, como una hoja de servicios, esperando a que un hijo adolescente le dé por chusmear en él.

- P U B L I C I D A D -

La directora de un colegio privado vinculado al libre pensamiento y dos psicólogas orientadoras se prestaron en esta nota a responder cómo neutralizar esas preguntas incómodas. He aquí una lista de preguntas incómodas y cómo salir del paso:

¿Has robado algo alguna vez?

“Cuando me lo preguntó recordé aquel día que tomé sin permiso algunas cosas en el gimnasio, fue una estupidez que nunca más la hice pero la recuerdo y me da vergüenza con solo pensar si me habrían descubierto.”  Juan se siente un poco incómodo  de aquel recuerdo, por eso el día que le preguntó su hijo Francisco de 11 años lo descolocó.

Cuando uno está intentando inculcar sólidos principios morales en sus hijos, no es fácil reconocer ante ellos algunos errores.

La palabra robar sigue sonando tan fuerte, tan a pecado mortal, que incluso de cara a nosotros mismos buscamos eufemismos que la aligeren. “La respuesta podría ir en esta línea similar: ‘Lo hice en un momento de debilidad, por tontería y por no ser menos que los demás, y todavía hoy me avergüenzo de haberlo hecho'”, sugiere una de las psicólogas consultadas.

Aunque el fondo del mensaje sea fundamentalmente moral, también es conveniente recordar que es un delito y, por tanto, que puede tener importantes consecuencias: “A Fulanito lo descubrieron y tiene antecedentes”, afirma la profesional. Y es que, en determinadas etapas de la vida, puede más el temor a la autoridad que un sermón paterno.

¿Has fumado  un porro?

A pesar que en Uruguay se viene instrumentando el consumo legal, no suma andar contando a los cuatro vientos que se fuma marihuana.

“Tenía 9 años y me lo preguntó sin ninguna malicia, vinculado a una charla que les habían dado en clase. Ni me inmuté: le dije que por supuesto que no. Cuando tenga unos años más, si veo que no resulta embromado, ya me plantearé qué decir”.

Luis tiene 42 años y pertenece a ese 28% de uruguayos que ha consumido cannabis alguna vez y que cruza los dedos esperando que sus hijos no tengan demasiado interés en indagar en el pasado de sus padres con las drogas. Pero como cruzar los dedos no sirve para nada, y la pregunta puede surgir en cualquier momento, así, de sopetón, más vale tener una respuesta preparada. ¿Pero cuál?

Según los expertos, la clave está en la edad del hijo. “Cuando el niño es pequeño, la figura de los padres debe ser modélica, sin fisuras; en esos casos considero que es lícito no decirles la verdad”, recomienda la psicóloga. Con ella coincide un asistente social consultado “Ante un niño pequeño, el padre siempre debe ser ejemplarizante y, por tanto, ofrecer una imagen impecable”.

La cosa cambia en la adolescencia. “A menudo, los jóvenes te lanzan esa pregunta como reto, como provocación: ¿acaso vos no has fumado porros? Si respondes que sí, sin más, se sentirán justificados para hacerlo también ellos; si respondes que no, y es mentira, te arriesgas a que la mentira se vuelva contra ti”, advierte la profesional.

¿Y entonces? “Teniendo en cuenta que cada chico es un mundo y que éste es un asunto delicado, una opción razonable podría ser contestar algo así: ‘si lo que me estás preguntando es si he hecho cosas de las que no me siento orgulloso, te diré que por supuesto, pero lo que tengo claro es que hoy, en tus circunstancias, no las repetiría'”.

También puede ser el momento para intentar neutralizar otras influencias: “Decirle que lo hiciste y te fue mal porque te creíste todo lo que te decían tus amigos, aprovechar para aclarar conceptos que piensas que le pueden estar confundiendo y poner algún ejemplo de alguien que terminó colgadísimo”.

 

¿Qué es el sexo oral?

“Me lo preguntaron con 8 y 10 años porque… ¡su cuidadora les había dicho que lo había estado haciendo el fin de semana! Les contesté que era darse muchos besitos”.

Los niños pueden preguntar cualquier cosa, hasta la más insólita, con respecto al sexo. Pero, aseguran los expertos, normalmente no están demandando una información detallada y explícita ni una lección de anatomía. Es todo mucho más simple.

Lo importante  es saber que “el lenguaje expresivo de los niños es distinto al  de los adultos. Solemos atenernos al contenido literal de la pregunta, y es un error, pues el significado no es el mismo para un niño que para un mayor. Cuando te hagan preguntas chocantes, antes de empezar a responder de una forma muy amplia y compleja, lo mejor es solicitar más información acerca de lo que quiere saber… Y ofrecer una respuesta lo más sencilla posible”.

 

¿Sólo te has acostado con mamá, verdad?

“Me hicieron la pregunta en la mesa, con mi esposa delante. No supe qué contestar, entre otras cosas porque es un tema del que nunca hemos hablado entre nosotros, ni cuando éramos novios. Les dije que no era asunto suyo”.

Darío , de 45 años, ni se avergüenza ni se arrepiente de haber tenido otras parejas  anteriores a su esposa, pero no se siente cómodo hablando del tema y menos delante de ella. Claro, no es lo mismo que tus hijos te pregunten si has tenido otras novias  a que aludan directamente a si tuviste sexo con ellas… Porque, además, en caso de respuesta afirmativa, el asunto podría complicarse: ¿y con cuántas? ¿y quiénes eran? “En estos casos es perfectamente razonable aludir a nuestra intimidad personal. No tenemos por qué contar todo, ni a nuestros hijos ni a nuestras parejas”, explica la psicóloga.

 

¿Cómo lo hacen mamá y vos ?

 

“Elena tenía 7 años. Primero me preguntó si su madre  y yo habíamos hecho el amor antes de casarnos. Me sorprendió que hablara de hacer el amor, pero más aún que incorporara ese matiz moral… Le dije que sí. Y a continuación me preguntó que cómo lo hacíamos. Le contesté que con mucho amor. Pero ella insistía en que quién se ponía encima… Y yo le dije que eso daba igual, que lo importante era el amor. Me escabullí como pude”.

Este tipo de preguntas indiscretas –¿cuántas veces lo hacen? ¿dónde?– sólo se dan cuando los niños aún son tan inocentes que se atreven a formulárselas a los padres.

Desde luego, un adolescente difícilmente intentará indagar en terrenos tan pantanosos… A juicio de expertos en estos temas se puede responder sin tener que dar ningún detalle: “Querido, entiendo que tengas esa curiosidad, a tu edad yo también la tenía, pero hay cosas que pertenecen a mi vida y que no te voy a contar, no porque sea feo sino porque no lo entenderías”.

 

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