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Carmelo
20 Agosto, 2017 05:02

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Tecnología básica para los estudios: notebook y programas open source

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¿Tenés mala memoria? Es probable que tengas un cerebro privilegiado

Cuando se nos ha olvidado dónde hemos guardado las llaves antes de salir de casa, vamos a la compra y olvidamos qué habíamos ido a buscar y otro tipo de pequeños despistes de la memoria lo achacamos a un deterioro del cerebro. Nos lamentamos de las copas que hemos tomado o lo mayores que estamos. Pero, en realidad, puede que no todas las pérdidas de memoria tengan el mismo motivo, de hecho una nueva teoría que está rebotando entre la comunidad científica últimamente es que el ser olvidadizo por naturaleza puede ser una muestra clara de que el cerebro trabaja correctamente. No recordar detalles triviales puede ser un signo de que tu mente es óptima para separar el trigo de la paja de la información. Esta es una idea que ya se había discutido antes, pero una nueva investigación, realizada por la Universidad de Toronto, en Canadá, parece haber encontrado una manera de demostrarlo. Básicamente, dieron con la clave al detectar que el crecimiento de nuevas neuronas en el hipocampo, la parte de nuestro cerebro asociada con la memoria, parecía favorecer el olvido. Este crecimiento tendría como principal propósito el dejar más espacio libre para la información más importante, con lo que las cosas más inútiles pueden desvanecerse de ese banco de memoria. Blake Richards, uno de los investigadores de la Universidad de Toronto, afirma que "siempre idealizamos a la persona que es capaz de aplastarnos jugando al trivial, pero el objetivo de la memoria es no ser capaz de recordar quién ganó un trofeo en las olimpiadas de 1976". Con esto, se refiere a que la memoria tiene una utilidad dentro de la inteligencia. La toma de decisiones viene determinada por el acceso que tenemos a esta y cómo esa información se procesa de acuerdo a los estímulos que recibimos del exterior. Por ello, para tener acceso a lo más necesario e importante se debe retirar la información que no nos sirve. Esto es algo que ha sido estudiado antes. En 2007, los investigadores utilizaron la resonancia magnética funcional (IRMf) para monitorear los cerebros de 20 adultos sanos mientras realizaban una prueba de memoria simple. El resultado sugirió que las personas son mejores recordando información conflictiva, en lugar información sencilla o repetida. Si este estudio estableció que el proceso de olvido tenía un propósito funcional positivo, ahora se habría esclarecido claramente la base neurobiológica de ese proceso. Sin embargo, este último estudio más reciente no produjo ninguna evidencia experimental nueva. Por el contrario, Richards, con su colega Paul Frankland, revisaron los artículos e investigaciones previas publicadas anteriormente hasta tener suficientes evidencias con las que llegar a su conclusión. La mayoría de resultados que se presentan apoyaban la idea del olvido como herramienta bastante útil. Y es útil por varias razones, por ejemplo, el cerebro quiere deshacerse de la vieja información inútil, exactamente igual que cuando el disco duro de nuestro pc está lleno y el ordenador nos sugiere una selección de archivos que no sirven para gran cosa y que detecta que lo más que hacen es molestar. También se puede pensar en un desván. Cuando hay guardados demasiados cachivaches y trastos viejos que ya no se necesitan, será mucho más difícil encontrar el libro que buscamos. Esto, en el cerebro se traduce como información inútil que hace que sea más lento y costoso llegar a la que necesitamos para tomar una decisión concreta. También nos facilita la generalización de eventos que ya hemos vivido. Refleja un concepto utilizado en los modelos de inteligencia artificial y que son conocidos como regularización. Este principio tiene como objetivo obtener modelos para aprender a hacer generalizaciones basadas en grandes cantidades de datos. Para hacer eso, debe haber una limpieza de los detalles en los datos involucrados para priorizar la información básica que sí es necesaria para las decisiones. Como por ejemplo, en un gran supermercado, recordar la situación espacial y la división entre zona de alimentación y limpieza, no qué marcas concretas de fabada asturiana almacenan en la sección de conservas ( que es un dato que sólo necesitas el día que te apetezca comer fabada, no en todas las visitas que harás a ese súper). Para aclarar la validez de estos mecanismos de olvido como ayuda a la toma de decisiones los investigadores rescataron un estudio en el que se indujo el olvido a ratones dando resultados opuestos a todo lo que podríamos pensar. Ante un laberinto que no conocían, los ratones que habían sido medicados para deteriorar sus recuerdos de otros laberintos encontraban las salidas con mayor rapidez que los ratones con la memoria intacta. Retenían los procesos, pero la información innecesaria de otras pruebas, para ellos era una carga. Más o menos como cuando el cache del teléfono nos impide ir rápido y navegamos lentamente. Puede que esta teoría no nos ayude con los descuidos y despistes del día a día pero podría enseñarnos más sobre cómo funciona el cerebro, algo que los científicos todavía están tratando de averiguar.

El futuro de los automóviles extinguirá los semáforos y los atascos

En las películas que intentan reflejar lo que ocurrirá en el futuro, se ha insistido desde siempre en la idea de los coches voladores, pero hasta ahora todavía no se ha probado ni intentado nada. La idea del cambio en el medio de transporte privado se está comenzando a trabajar gracias a la empresa Fayazi drove. Los semáforos se extinguirán con el proyecto que están desarrollando, mediante una CPU que mediante datos GPS que emitirían los vehículos se podría ajustar su velocidad. El único inconveniente es la necesidad de generalizar el consumo de vehículos autónomos, con los cuáles se podría trabajar de cara a la regulación del tráfico, evitando los atascos. En uno de los automóviles de la compañía funciona sin problema, debido que se obtienen datos del vehículo y consigue beneficios para la fluidez del tráfico, además de un ahorro de combustible de un 19%.Si se logra expandir la idea de negocio que trata estos vehículos, posiblemente, en 25 años, se puedan obtener una generalidad de su uso. El problema de dar entrada a estos automóviles son las imperfecciones con las que cuenta. Pese a que las simulaciones no han dado inconvenientes, son sólo simulaciones, en la práctica real, ya se ha visto con los coches de la empresa Tesla, que están dando algunos problemas. Por el momento, todo son hipótesis que se encuentran lejos de la realidad, pero la próxima vez que pares frente a un semáforo o te encuentres en un atasco, piensa que hay alguna probabilidad de que en un futuro no muy lejano desaparezcan.

¿Por qué las botellas de agua tienen fecha de vencimiento si...

Seguro que alguna vez, al ver una botella de agua, te has preguntado el motivo por el que estas llevan inscrita una fecha de caducidad cuando el agua no caduca. Hay varios motivos por los cuales las botellas llevan esta marca, pero ya te adelantamos que no, si bebes agua caducada no vas a morir. El agua es un compuesto químico que no caduca nunca. Sin embargo, en ciertas condiciones puede convertirse en un caldo de cultivo para muchos microorganismos. El agua expuesta al aire cambia su sabor debido a estas bacterias, y aunque al principio solo sea eso y siga siendo potable, con el paso del tiempo deja de ser segura para el consumo humano. En cambio, el agua embotellada no tiene nada que ver. Se trata de un formato completamente distinto debido a su envase. Estas botellas pueden aguantar años sin que el agua se estropee y manteniéndose potable siempre que esté guardada en buenas condiciones. Lo único que puede suceder es que la degradación del plástico acabe transmitiendo un sabor raro al agua, pero incluso así seguiría siendo apta para el consumo. Eso sí, siempre que no se haya abierto nunca. El origen de la fecha de caducidad del agua se encuentra en una ley que en la que no hubo lugar para excepciones. Según Mental Floss, en el año 1987 se aprobó una ley en Nueva Jersey por la cual todo producto destinado al consumo debía llevar visible una etiqueta con una fecha de caducidad que no superara los dos años. Esta ley incluía el agua, así que las empresas embotelladoras decidieron usar como fecha la más lejana, esos dos años. Otras razones diferentes pueden venir debido a las empresas dueñas de las marcas. Muchas veces estas embotellan otros productos que sí necesitan fecha, como zumos o refrescos. Por lo tanto, y para no tener que cambiar la línea de producción, simplemente se embotellan todas en la misma máquina, que incluye la caducidad aunque no sea necesaria.

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Cuando, a mediados de los 70, la alemana Dörte Foertsch completó sus estudios secundarios, nada salió como lo había planeado, ya que en principio...